Nuestra Historia


No cabe duda que los grandes acontecimientos, los hechos y las obras de arte constituyen una parte importantísima de nuestra historia; los primeros porque son los que marcan nuestro presente, y los segundos como muestra permanente de una época, de una forma de pensar y de vivir.


Sin embargo, la mayoría de las veces, deslumbrados por estos hechos o por la riqueza del patrimonio, nos olvidamos un poco de todas esas personas que de una manera u otra fueron los protagonistas de estos acontecimientos, de sus ilusiones, de sus vivencias, de sus esfuerzos...., en definitiva, de todos los que en el pasado lucharon para conseguir un mundo mejor.

La historia de nuestra Hermandad está salpicada de hechos importantes y cuenta con un digno patrimonio, sien embargo no debe de olvidarse de lo más importantes: su gente, es decir, esos cientos y cientos de hermanos que a lo largo de estos cincuenta y cinco años la han ido forjando, aquellos que han compartido sus vivencias e inquietudes más intimas con nuestro Cristo de Medinaceli entre los recios muros de la antigua Iglesia Vieja, o en su actual Parroquia de San Paulino y porque no, bajo la penitencia procesional del Miércoles Santo.

De todos estos hermanos muchos sintieron en un momento dado la inquietud de adquirir un compromiso mayor con la Hermandad y se decidieron a formar parte de su Junta de Gobierno. No podemos olvidarnos de aquella fecha histórica para nuestra Hermandad en la que un hombre gaditano de nacimiento. D. Manuel Fierro García que por razones laborales se asentó en nuestro pueblo como encargado del establecimiento denominado “ Tejidos Barbate” (situado al final de la calle Real) , por su devoción al Cristo de Medinaceli inicia las gestiones para la fundación en esta localidad de la Hermandad, previamente había iniciado los contactos con el imaginero gaditano D. Miguel Lainez Capote, para la adquisición y ejecución de la talla del Cristo. En el año 1.949 se expones en nuestra ciudad la imagen del titular, siendo su acogida tal, que automáticamente se crea la Junta Fundadora, conformándola los señores: D. Manuel Fierro García y D. Antonio García Santacruz alternativamente como hermanos mayores, los restantes miembros de la Junta de Gobierno fueron D. Baldomero Milla Moreno, D. Juan Sánchez Varo y D. Manuel Mainez de los Reyes, estableciéndose su sede canónica en la Parroquia de San Paulino (Iglesia Vieja). Siendo su Párroco y Director Espiritual Rvd. Padre Juan Jaén Villa.

Hay que destacar desde estás líneas, nuestro más sincero y profundo reconocimiento a estas personas, que, apoyadas por las donaciones de la tripulación de la embarcación el “Falucho” Jesús del Gran Poder, comandada por su patrón D. Diego Alvarado Varo, y las aportaciones de D. Antonio González Marín, hicieron posible que la Hermandad saliera a la calle en procesión y tomara un gran auge. Al carecer de Casa Hermandad, las actividades se ejercieron en la entonces Taberna de Ana la Sancha, situada en la calle Real, que guiada de la Fe y devoción al Cristo, prestó en todo momento su incondicional y desinteresada colaboración, entregándose por completo al servicio de la Hermandad.


A finales de los años 50 surge una situación económica compleja, quedando al frente de la Hermandad D. Antonio Varo Pareja (realizando las veces de Hermano Mayor), D. Manuel Fierro García y nuestro querido D. Manuel Herrera García,( hubo que realizar una operación de crédito por la cantidad de 7.200 pts, la procesión costaba sacarla a la calle 12.000 pts), dando lugar a la creación en el año 1.963 de una Junta Reorganizadora presidida por D. Pedro Muñoz Soriano y compuesta por: D. Cipriano Muñoz Muñoz, D. Manuel Herrera García, D. Juan Sánchez Varo, D. Andrés Mayo Candón, D. Francisco Tirado Sánchez, D. Juan García Valdes, D. Manuel López Basallote, D. Cristóbal Sánchez Rodríguez, D. Antonio Castillo Ruiz, D. José López Olías, D. Antonio Gonzalez Pérez, D. Ramón García Rodríguez y D. José Vázquez Mendoza. Durante el mandato de éstos señores hasta 1.977, a éstos hermanos cofrades, por su devoción, sacrificio y entrega se debe la importantísima labor llevada a cabo en ese periodo, destacando entre sus logros más significativos el dotar a la Hermandad de su cotitular María Santísima de la Trinidad, imagen también tallada por D. Miguel Lainez Capote, adquiriéndose el poco tiempo la actual talla, obra del imaginero Sevillano D. Francisco Buiza.

En el periodo comprendido entre 1.977 y 1.984 ejerce la función de Hermano Mayor D. Manuel Herrera García y , entre 1.984 y 1.999 D. Cipriano Muñoz Muñoz, se alcanza logros de dotar a la Hermandad con importante patrimonio como el paso de Nuestro Señor y de María Santísima. Nuestro recuerdo cariñoso a aquel que durante tantos años fue el vestidor de la Virgen, D. Jacinto Gómez Risueño, modisto que, de forma desinteresada, aporto siempre lo mejor de su saber para mayor esplendor de nuestros titulares. Y que decir de los padrinos de María Santísima, esa familia barbateña ubicada en Cádiz a la que tanto debemos, por sus desvelos, apoyo y preocupación por su Hermandad, siempre dando y realizando muestra de ayuda en ese anonimato, que tanto valoramos los responsables más directo de la Cofradía.


A todos y cada uno de los que han pasado por las distintas Juntas de Gobierno, que han hecho posible esta situación, les debemos el reconocimiento a su labor sacrificada, constante y meritoria. A esos sacerdotes que ha sabido conducir espiritual y profundamente a los que han pertenecido y pertenecemos a este grupo de la Comunidad Cristiana , agradecemos enormemente el trabajo realizado. Por último gracias por conseguir entre los muchos logros obtenidos, que nuestra Hermandad esté representada por los entonces Principes de España y actualmente SS.MM. los Reyes Don Juan Carlos I, y Dña. Sofía, como Hermano Mayor Honorario y Camarista Mayor Honoraria respectivamente.

Realmente en todas y cada una de las personas que componen la Cofradía es donde podemos encontrar la grandeza de la misma, que a lo largo de cincuenta años ha sabido aglutinar a personas tan variopintas unidas bajo el ideal de vivir la FE en comunidad tomando como modelo a ese Cristo de Medinaceli que un día nos cautivó bajo el signo de AMOR.